La alcachofa te saluda,

ante ti se siente segura, 

por lo que hoy se ha quitado la armadura,

mostrando su corazón sumergido en aceite dentro de una vitrina.

A la cebolla le han arrancado los pétalos del amor,

que mientras sudorosos en una sartén,

lloran y lloran al recordar tus dulces palabras.

Ya no cae al suelo,

ahora la castaña ha caído en el amor,

un amor tan fuerte con el que se funde cremosamente entre las paredes de una olla.

El pan ya no es de oro,

ahora es de bronce,

y bronceado cruje de rabia al querer ser dueño de tu boca,

mientras ahoga sus penas en el profundo caldillo de congrio.

Ese caldillo,

que perdió su gusto a mar desde que te añora,

que ahora es incapaz de combatir la insipidez el solo,

ahora,

precisa de la sal,

que esta vez cae del cielo fría como copos de nieve,

aunque siempre eficaz,

alegrando los sabores de sus compañeros que en conjunto te recuerdan.

No hay cuchillo que perfore al tomate,

la velocidad a la que giran las cuchillas se han encargado de hacerlo añicos,

destrozado,

sus lágrimas rojas gotean sobre las papas,

que en rodajas se sienten pobres, 

mientras aprovechan la insonorización de la sauna para aliviar con gritos su dolor,

porque hoy no quieren freírse,

más bien preferirían ser machacadas junto a su nostalgia.

Ya no hay sinfonía al descorchar la botella,

tu fiel acompañante no quiere hacer ruido,

impreciso,

salpica su sangre sobre el gran mantel,

que por mucho que le cueste,

trata de mantenerse siempre firme,

siendo el hombro en el que se apoyan y lloran el resto de invitados que te conmemoran.

La manzana sufre de un trastorno bipolar desde que ya no la muerdes,

escondiendo su llanto bajo mantas de hojaldre,

esperando ser deborada de última,

 apartada en una esquina de la mesa.

Nadie ha faltado al almuerzo,

todos han asistido al banquete y no son necesarios los cubiertos,

hoy todos muestran su lado más tierno,

siendo suficiente la ayuda de la frialdad del metal de la cuchara,

que acompaña cada delicioso bocado,

soñando volver a chocar contra ese tan sofisticado paladar,

el paladar de,

Pablo Neruda.

por Alessandro Mazzei Popper, Homenaje a Pablo Neruda

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