Dicen que lo esencial es invisible a los ojos, pero lo prescindible, también juega al escondite. 

Innumerables veces nos habremos preguntado el por qué de nuestros fracasos, y aunque a muchos les hemos conseguido dar una explicación, otras situaciones nos dejaron sin respuesta. 

El producto no era bueno, el marketing no era el adecuado, la crisis nos afecta…

Pero, ¿y cuando va todo sobre ruedas? Resulta que en medio de la pista, por casualidad nos encontramos un clavo que pincha nuestros neumáticos y nos deja fuera de la carrera. ¿Casualidad? Claro que sí, pero las casualidades son provocadas por factores innecesarios e invisibles a los ojos.

“Para encontrarme a mí mismo, antes debo perderte a ti”

Al igual que en el amor, lo mismo sucede en los negocios.

A veces no nos damos cuenta de lo que nos impide avanzar, por mucho que nosotros nos esforcemos al máximo, por mucho que seamos positivos y por mucho que nuestros potenciales sean más que suficientes. Cegados por nuestra ambición, no vemos a quien nos retiene como si de una cuerda atada a nuestra cintura se tratase, haciéndonos creer que avanzamos, pero solo nos movemos en el mismo sitio, nos quedamos estancados. 

Un mal cliente, un mal trabajador y hasta un mal socio puede ser el causante de que no avancemos. 

Pensamos que vamos en sintonía, que somos un equipo y que lucharemos juntos por los mismos objetivos. Cuando a veces no es así, y por algún motivo la persona en la que confiamos se revela, no con actos agresivos y tampoco con malas palabras, si no más bien me refiero a que malgasta nuestro tiempo, no respeta los acuerdos y no cumple con sus deberes.  

Este tipo de personas debemos mantenerlas alejadas de nosotros, pero recordemos que lo prescindible también es invisible a los ojos, por lo que nos cuesta ver la realidad y por buenas intenciones que estas personas tengan y nos hagan creer que seguimos “ adelante” lo único que hacen es atrasarnos. 

Por muy duro que sea, muchísima razón tiene este proverbio que dice:

“El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”

De nada sirven los buenos propósitos si no van acompañados de obras.

Por lo que debemos guardarnos bien las espaldas y analizar a las personas que nos rodean e interactuan con nosotros. Por que el roce hace el cariño, y cuanto más tengamos cerca a estas personas más nos envenenan, olvidándonos de nuestros objetivos y acabamos comportandonos igual que ellos. 

Debemos enfocarnos en nuestros objetivos, sin olvidar a quienes involucramos en ellos, porque un mal socio puede ser un error fatal para nuestro proyecto.

Y como decía Albert Einstein:

Mantente alejado de personas negativas. Tienen un problema para cada solución.

Dicho de otra manera…

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